Ver que tu hijo tiene fiebre puede preocupar, pero en muchos casos es la forma en que el cuerpo combate una infección. Lo más importante es mantener la calma y observar cómo se encuentra el niño, más que el número que marca el termómetro.
Qué puedes hacer
✔️ Mantén a tu hijo hidratado
Ofrécele agua, leche o líquidos con frecuencia. Si no tiene mucho apetito, no lo fuerces a comer.
✔️ Déjalo descansar
El descanso ayuda al cuerpo a recuperarse. No es necesario que permanezca todo el día en la cama si tiene ganas de jugar tranquilamente.
✔️ Vístelo con ropa ligera
Evita abrigarlo demasiado. Una temperatura ambiente agradable y ropa cómoda suelen ser suficientes.
✔️ Controla la evolución
Toma la temperatura de vez en cuando y observa si aparecen otros síntomas, como dificultad para respirar, vómitos persistentes o un decaimiento importante.
Qué es mejor evitar
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No uses agua muy fría ni baños helados para bajar la fiebre.
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No administres medicamentos sin seguir las indicaciones de un profesional sanitario o las recomendaciones adecuadas para la edad y el peso del niño.
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No te obsesiones con que la temperatura baje inmediatamente. Lo importante es cómo se encuentra tu hijo en general.
¿Cuándo debes consultar con un profesional?
Es recomendable buscar atención médica si la fiebre aparece en un bebé muy pequeño, dura varios días, es muy alta o va acompañada de síntomas como dificultad para respirar, rigidez en el cuello, convulsiones, una erupción llamativa o si el niño está muy decaído y cuesta despertarlo.
En la mayoría de los casos, la fiebre desaparece en pocos días. Con hidratación, descanso y vigilancia, muchos niños se recuperan sin complicaciones. Ante cualquier duda, consulta con tu pediatra.





